Poco a poco van cayendo todos. Ahora fue el turno de Patricio Walker, uno de los pocos DC que se habían mantenido firmes, y con apego a los principios de la Falange. Claro: hoy anuncia que no va de candidato, pero ayer no más (y digo “ayer” en sentido literal, no como diciendo “hace poco”), publicó una columna en El Mercurio (A2), en la que se mandó un numerito imposible de pasar por alto.
En síntesis, la columna de Walker se centra en la imposibilidad de concretar un pacto entre la DC y el PC, destacando dos principios: que un pacto parlamentario es por definición un pacto político, y que la diferencia de visiones entre la DC y el PC hacen imposible la concreción de un pacto entre ambas colectividades.
Sin embargo, Walker termina admitiendo que -para lograr la representación de los comunistas en la Cámara- es perfectamente posible concretar una fórmula basada en la omisión de la Concertación, con la ingenua excusa de terminar con la exclusión. Da lo mismo cuál sea la intención: patrocinar tal fórmula contradice todos los principios proclamados antes. Los dirigentes de la Concertación pretenden decirle a sus electores: “mire, en su distrito no vamos a llevar candidato, pero usted puede perfectamente votar por el candidato comunista, pese a que no compartimos sus ideales ni sus opiniones sobre la sociedad y el rol del estado”.
Si la visión del PC es incoherente ética y políticamente con el programa de la DC, como lo señala Walker, ¿no debería entonces este partido trabajar porque sus ideas, y no las del PC, tengan acogida en un determinado distrito? ¿No debería entonces la DC presentar a sus mejores candidatos, ahí donde el PC tiene posibilidad de ganarle a uno de los suyos? De lo contrario se estaría impulsando el absurdo principio de que cualquier partido debe dejar de presentar candidatos, para fortalecer la opción de un partido opositor… y contrario a sus valores