Cuando se le acaban las ideas a un movimiento, agrupación o clan, comienza a vivir del pasado. Se aferra a esa imagen de lo que fue y apela a la nostalgia, o trata de mantenerse actualizado con alguna dosis de maquillaje. Lo cierto es que numerosos ejemplos demuestran que los refritos muchas veces son una mala copia de sí mismos: Creedence Clearwater Revisited -un remake del clásico grupo rockanrolero, que visitó nuestro país hace algunos años- no le llega ni a los talones a los Creedence Clearwater Revival originales. Y para qué hablar de otros desastres como la gira de unos arrugados Sex Pistols o los últimos discos de Genesis, valioso exponente de rock progresivo que nos dejó excelentes discos en los años ’70… hubiera sido mejor parar antes.
En la política pasa algo parecido, y la Concertación está viviendo un proceso similar: cada vez escucho con más frecuencia el argumento de que “la Concertación ha sido una exitosa coalición y por lo tanto merece seguir gobernando”. Al respecto, dos cosas: primero, la repetición progresiva de dicha reflexión es la viva prueba de que ya no hay más ideales, y que el pacto de Gobierno ha comenzado a vivir de sus ahorros. Segundo, pretender que los éxitos pasados aseguran prosperidad futura es una falacia que no aguanta ni el más mínimo análisis. Y en ningún caso son motivo de inmortalidad.
Ok, la Concertación fue importante para el país, y eso debemos reconocerlo. Contribuyó a la transición y aseguró gobernabilidad, legitimando a la oposición. Pero lo que se proyecta para el próximo gobierno es apenas la caricatura de aquella coalición.
En la industria de la televisión vemos el caso inverso: los estelares musicales -como Martes 13- fueron por años los principales programas de nuestra televisión, pero en los ’90 dieron paso a programas de conversación. Y en esta década hemos visto el apogeo de los realities. La televisión ha entendido que tiene que mutar, según el interés de la audiencia. A nadie se le ocurriría decir que el Festival de la Una tiene derecho a seguir en la parrilla porque fue un programa muy exitoso.
Es lo que plantea Enrique Correa el fin de semana, cuando llama a su generación concertacionista a jubilar. Sin embargo, unos pocos dirigentes que gobiernan los partidos como caciques insisten en mantener con respirador artificial una Concertación desgastada. Y para colmo, relanzan como nuevo single el remix de un éxito del año ’93. Pero la audiencia ya no es la misma; cambió su walkman por un discman y este por un I-pod… y al parecer ya no se traga tan fácil un tema del año ’93, aunque se prometa y se asegure que está remasterizado.