No es que defienda a ultranza los campos de golf; no sé jugar y reconozco que me molesta un poco el snobismo que rodea los clubes. Pero de ahí a prohibirlo es como mucho. Me parece un acto irracional y totalmente antidemocrático (recordemos que la democracia no sólo tiene que ver con cómo se gana el poder, sino también con cómo se gobierna, con respeto a quienes no están en el poder).
Aparte, sin no existiera el “costoso deporte” -como lo llamó Fidel Castro alguna vez- nos perderíamos numeritos como éste:
Advertisement