Nadie quiere revolución toda la vida

La reciente encuesta de Adimark (correspondiente a Octubre 2011) muestra una fisura no menor en el movimiento estudiantil. Aunque ya algo se distinguía en la anterior muestra (Sept.2011) este mes el daño es innegable, y es tal vez el primero de muchos signos de desgaste que veremos en las próximas semanas. En concreto, la popularidad con las demandas del movimiento estudiantil cae 12 puntos, de un sólido 79% a un 67%. Nadie duda que es relevante todavía saber que dos tercios de la población apoya la causa de los estudiantes, pero la caída merece nuestra atención, sin consideramos que en algunos puntos fue de 20 puntos (subgrupo mayores de 65 años), o en los estratos socioeconómicos bajos, donde el respaldo bajó de 79% a 62%.

Pero donde se nota más la fractura es en el apoyo a la forma cómo los manifestantes han materializado sus posiciones. Apenas un 38% de la opinión pública apoya hoy estas formas, y un 57% los condena, lo que está muy lejos del escenario de hace dos meses, cuando las cifras estaban prácticamente invertidas. Eso, entre paréntesis, es coherente con las últimas marchas que hemos visto, vacías y solitarias si las comparamos con las insanamente multitudinarias convocatorias de mediados de año.

Ante estos números, simplemente dos comentarios:

1.- El movimiento estudiantil corre el riesgo de decantar en un grupo débil, radicalizado y fragmentario. No es menor que una de las mayores caídas se haya producido en los segmentos D/E, el nivel socioeconómico que -supuestamente- este movimiento trata de ayudar. Sin este respaldo, la lucha deja de ser épica y se transforma en porfía.

2.- La pregunta que hoy se debe estar haciendo cada uno de los líderes universitarios es ¿en qué fallamos? Y aunque hay muchas alternativas, creo que era inevitable llegar a este punto del partido. Nadie quiere revolución toda la vida, y la historia nos demuestra que la ciudadanía, después de un tiempo de marchar, hacer ruido y gritar en contra del establishment, valora quedarse en la casa y gozar con eso que se llama “bienestar social”.

La pregunta final, entonces, cae de cajón: ¿Cómo es posible que hayan durado tanto revoluciones como la de Cuba, o la URSS? Bueno, básicamente se trata de regímenes totalitarios, violentos y antidemocráticos, donde uno está constantemente “incentivado” a apoyar la revolución. El pensador cubano Carlos Alberto Montaner lo explica gráficamente: ante el descontento social, Gorbachov sabía que para mantener el régimen comunista sería necesario “sacar el Ejército Rojo a las calles y matar varios millones de personas. Seguramente es lo que hubieran hecho Stalin, Kruschov o Breznev, pero él era demasiado compasivo para ordenar una carnicería de esa magnitud”. En vez de eso -sigue Montaner- Gorbachov prefirió hacerle caso a la naturaleza humana, que pedía un poco de calma, y dio inicio al fin del régimen socialista. Nadie quiere revolución toda la vida, y a veces es mejor sentarse a dialogar.

La izquierda y la cultura

Gran tema… sobre el que me encantaría hablar. Y espero hacerlo algún día. Pero por ahora sólo les dejo el vil “copy paste” de una excelente columna publicada por el escritor y profesor de la Fairfield University, Javier Campos. Fue publicada en La Segunda, el 29 de diciembre de 2009.

Escritores y artistas con Piñera

Ha sido una sorpresa para la intelectualidad de la izquierda chilena (no sé si toda o alguna parte de ella) que los escritores Jorge Edwards y Roberto Ampuero hayan públicamente dado su apoyo al candidato Sebastián Piñera. Para mí no tiene ninguna importancia que escritores o artistas tengan sus preferencias. La libertad personal de decisión política, o la que sea, debe respetarse. En las décadas pasadas, desde los 40 a los 80, era imperdonable que el escritor e intelectual no fuera de izquierda, pues se decía que un escritor progresista debía estar contra las dictaduras militares, contra el imperialismo norteamericano y apoyar la sociedad más perfecta. O sea, el socialismo.

Esa era la izquierda en la cual crecimos muchos en los 60: el camino de la libertad completa del ser humano, la denuncia de regímenes represivos, estar contra la violación de los derechos humanos, etc. Edwards y Ampuero también denunciaron el régimen dictatorial chileno, por ejemplo. Pero tenían una diferencia con otros escritores de la izquierda más dura: ambos denunciaron también las violaciones de los derechos humanos en Cuba y en los regímenes socialistas, cosa que aquella izquierda más dogmática no podía aceptar. Y creo que aún no acepta.

Me parece que la izquierda de ciertos escritores y artistas chilenos sigue pensando que estamos en los 60 ó 70. Jamás se han pronunciado sobre lo que ocurre en Cuba. Por el contrario, el desastre económico y la violación de libertades mínimas en la isla pasan por sus cabezas como cohetes a la velocidad de la luz. No se enteran. O de eso no se habla.

Cuando estuve en Chile en junio pasado, un escritor me dijo que Edwards había sido antes de izquierdas (entonces era respetable), pero ahora se había hecho de derechas. Decía esto último como si hubiera hecho un trato con el diablo: un escritor al que no había que creer nada de lo que escribía en sus crónicas. Lo que también quedaba claro era que la única verdad seguía siendo la de «la izquierda». Y yo me pregunto, ¿en nombre de qué izquierda se les critica a Edwards y a Ampuero su preferencia política? ¿En nombre de qué izquierda se les ve como escritores traidores, como igualmente se percibe a Vargas Llosa, entre muchos más en América Latina, incluso el que escribe esta columna, por opinar distinto?

En 2007 declaraba Saramago en Argentina, en una entrevista: “La izquierda no tiene idea qué está ocurriendo en el mundo hoy”. Es una frase muy general y puede ser interpretada de muchas maneras. Pero lo cierto es que hay una diversidad de izquierdas en América Latina en estos momentos. No más ver la de Chávez, la de Ortega, la leninista de los hermanos Castro (que este 25 de diciembre anunciaron que ¡volverán a los planes quinquenales! para resolver el desastre de su economía), la del Presidente de El Salvador, la de Bachelet, la izquierda dentro de la Concertación, la izquierda de Marco Enríquez-Ominami, la de Jorge Arrate, la del Partido Comunista chileno, la del Partido Socialista, etc.

Cuando Edwards hizo público su apoyo a Piñera, se escribieron 140 comentarios en el diario electrónico El Mostrador. El 99% poco menos que pedía la guillotina para él o ser enviado a la hoguera por apoyar. Hay una rabia atávica en cierta izquierda dogmática, donde a cualquiera que se desvíe de su perspectiva hay que aplastarlo. Aunque tenemos la experiencia de los países socialistas que enviaban a las catacumbas a los disidentes —cosa que varios han olvidado—, en Chile muchos siguen pidiendo más o menos lo mismo para Edwards y Ampuero. Hay un «chavismo a la chilena» en cierta izquierda criolla.

Se puede estar en desacuerdo con Piñera, pero este candidato a la Presidencia en Chile postula bajo un régimen de elección democrática y no ha sido impuesto por ninguna dictadura, ni por una familia que controla el gobierno, ni menos por «el imperialismo norteamericano» (diría Chávez). La izquierda (¿cuál izquierda?) sigue pensando que el artista, o el escritor, o el intelectual deben estar en su equipo. Lo curioso es que hasta ahora el candidato de «otra izquierda», como la de Marco Enríquez-Ominami, en ningún momento ha apoyado públicamente al candidato de la Concertación para que Piñera no sea Presidente. ¿Se culpará, históricamente, a MEO por no haber «salvado a Chile», y a dos escritores chilenos como «fascistas»?

Para leer el post original pincha aquí.

El (des)criterio del espejo

Voy a hacer algo políticamente incorrecto: emitir un juicio sobre lo que “debieron hacer”, después de que la decisión está tomada. Vamos con eso de que “después de la guerra todos son generales”.

El error es clarísimo: haber llevado a Frei como candidato. Claro, en 2008, la película era clara: había un Piñera corriendo solo, que lograba capitalizar su segundo lugar conseguido en 2005 y que rompía con todos los estereotipos de las candidaturas de la derecha (cercano a la democracia cristiana, incluso votó que NO).

Entonces, primó en la Concertación el “criterio del espejo”: el candidato debía ser lo más parecido a Piñera. Cayeron los Lagos y los Insulza, y la tesis DC se fue imponiendo; después de todo, hacía más de 15 años que no llevaban candidato propio.

Sin embargo, tal análisis fue miope y descuidado. Miope, porque en 15 años Concertación ha cambiado mucho y la socialdemocracia ya no se compra tan fácil un demócrata cristiano, conservador y amigo de las privatizaciones (de nada ha servido chasconearlo, pintarlo de estatista o mandar a hacer campaña a todo el árbol genealógico de Bachelet). Y descuidado, porque nadie pensó que Frei sería tan mal candidato. No había cómo saberlo: en sus tres contiendas anteriores -senatoriales 1989, presidenciales 1993 y senatoriales 2005- había tenido prácticamente asegurada la elección. Frei Ruiz-Tagle gozaba de la herencia, provenía de la dinastía.

Pero ahora que ha debido salir a convencer, que ha sido interpelado y puesto a prueba, Frei ha demostrado no dar el ancho. No tanto por la baja intención de voto que le arroja la encuesta CEP de octubre, sino principalmente por la antipatía que provoca. Se ha dicho que un 54% de los encuestados tiene decidido no votar por el candidato de la Concertación, lo que le deja un techo insuficiente: si las elecciones fueran hoy, Frei sólo podría aspirar a alcanzar el 46% del electorado.

Frei terremoto

Mientras la aprobación de Frei disminuye, su tasa de rechazo está en alza. Según la última CEP, es el segundo político de la Concertación con más rechazo, después de Escalona. Y no sólo eso: tiene un neto de evaluación cero (el porcentaje que tiene una evaluación mala de Frei es el mismo que tiene una buena impresión). Un panorama muy distinto a lo que se veía hace justo un año, cuando un 45% lo calificaba positivamente y sólo un 21% lo hacía negativamente.

La Concertación tiene una engorrosa prueba por delante. Pero antes de pedir el voto debe mermar la aversión que provoca Frei. El oficialismo está pagando las consecuencias de haber tomado una mala decisión: elegir un candidato en base un escenario determinado y no a las capacidades del mismo.

Cómo irritar a la gente

Este post lo leí en Wuaja, pero al parecer ellos también lo copiaron, así que no hay atados (espero).

La guía práctica para ser como Juanelo:

1. Deja la fotocopiadora configurada para reducir 200%, extra oscuro, papel de 43 cm., 99 copias.
2. En todas las casillas para anotar el uso de tus cheques, escribe “Para favores sexuales”
3. Especifica que tu orden hecha desde el auto es “PARA LLEVAR.”
4. Si tienes uno ojo de vidrio, golpéalo ocasionalmente con un lápiz mientras hablas con otros.
5. Salta sobre los sobrecitos de ketchup.
6. Insiste en mantener tus limpiaparabrisas funcionando en todo clima, para “mantenerlos afinados”.
7. Responde a todo lo que te digan con “eso es lo que tú crees.”
8. Practica hacer ruidos de fax y modem.
9. Destaca información irrelevanta en papers científicos y mándala cómo “cc:” a tu jefe.
10. Haz “bip bip” cuando una persona grande retroceda.
11. Termina todas tus frases con las palabras: “de acuerdo con la profesía”.
12. Señala que una conversación se ha terminado tapándote los oídos y haciendo cantando “¡no te escucho, no te escucho, tengo orejas de pescado!”.
13. Desensambla tu pluma y derrama “accidentalmente” la tinta por toda la habitación.
14. Grita números al azar cuando alguien esté contando.
15. Ajusta el balance de tu televisión de modo que la gente se vea verde e insiste a otros que “te gusta así”.
16. Corchetea las hojas por el centro de la página.
17. Investiga públicamente qué tan lento puedes croar como una rana.
18. Toca la bocina y saluda a extraños.
19. Niégate a sentarte en un restorán y simplemente come sus mentitas de cortesía junto a la caja registradora.
20. TIPEA EN MAYÚSCULAS
21. tipea únicamente en minúsculas
22. tampoco uses puntuación
23. Compra una gran cantidad de conos de tránsito y reorganiza calles enteras.
24. Repite esta conversación decenas de veces:
“¿ESCUCHAS ESO?”
“¿Qué?”
“Olvídalo, ya se fue”
25. En la medida de lo posible, brinca en vez de caminar.
26. Intenta interpretar la obertura de William Tell golpeteando la base de tu barbilla. Cuando ya casi hayas terminado, anuncia “No, momento, me equivoqué” y empieza nuevamente.
27. Preguntale a la gente cuál es su sexo.
28. Mientras haces una presentación, ocasionalmente mueve tu cabeza como un periquito.
29. Sientate en tu jardín y apunta un secador de pelos a los autos que pasan, a ver si bajan la velocidad.
30. Canta junto a la ópera.
31. Ve a un recital de poesía y pregunta en cada poema por qué no rima.
32. Haz preguntas extrañas a tus compañeros de trabajo y haz anotaciones en una libreta. Musita algo acerca de “perfiles psicológicos”.

…y Chávez quiere cerrar los Campos de Golf

No es que defienda a ultranza los campos de golf; no sé jugar y reconozco que me molesta un poco el snobismo que rodea los clubes. Pero de ahí a prohibirlo es como mucho. Me parece un acto irracional y totalmente antidemocrático (recordemos que la democracia no sólo tiene que ver con cómo se gana el poder, sino también con cómo se gobierna, con respeto a quienes no están en el poder).

Aparte, sin no existiera el “costoso deporte” -como lo llamó Fidel Castro alguna vez- nos perderíamos numeritos como éste:

La pena de muerte es un muerto viviente

El horrible crimen de una menor de cinco años fue el pretexto perfecto para que ciertos políticos propusieran la restauración de la pena de muerte. Nada mejor que azuzar a las masas ávidas por justicia, en tiempos de campaña. Sin embargo, es a todas luces una propuesta populista e inútil, por aplicación del Pacto de San José.

¿Cuál es el fin de cualquier pena? Además de su rol rehabilitador, la pena es un castigo, a la vez que una medida de protección frente a sicópatas que no deberían estar sueltos, y una acción con un efecto disuasivo general, si el ejemplo es para la población, o particular, si busca reprimir la reincidencia del forajido.

La pena de muerte sólo funciona como protección para la población y como castigo, pero ambos fines son perfectamente verificables a través de una cadena efectivamente perpetua. El problema es que la pena de muerte no sirve como disuasivo particular ni como rehabilitador. Y los estudios muestran que tampoco funciona como un mecanismo de prevención colectivo. Es, por lo tanto, una política de dudosa eficacia.

Más aún, lo que me convence para oponerme es un argumento filosófico, no técnico. La creencia en una Ley Natural, anterior al hombre, nos lleva a pensar que no está en nuestra esfera atentar contra la vida de un ser humano. Y así como muchos nos hemos opuesto a cualquier dispositivo que podría ser abortivo, debemos impugnar con igual coraje toda acción que atente contra la integridad de un ser humano. Ese tecnicismo de que “sólo se debe proteger la vida del inocente” me huele a subterfugio.

El lado blanco de Obama (y el lado oscuro de Sarkozy)

No todo puede ser polémica por indultos… lejos la noticia más notable de hoy es la foto que muestra a Obama y a Sarkozy mirando de reojo a una exuberante joven brasileña que pasaba por el lugar.

Pero este video muestra que las intenciones de Obama eran mucho más nobles de lo que se pensaba. ¿Las de Sarkozy? eh, esteee, bueno, mejor veamos el video.

Video Clears Up Obama Photo

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Una animación realmente notable

Cada país tiene los gobernantes que se merece

bacheletNo deja de sorprenderme una declaración de nuestra Presidenta, Michelle Bachelet, enunciada anoche en el programa Tolerancia Cero, de Chilevisión. Interrogada acerca del indulto presidencial -tema en boga, a propósito de la cuestionada decisión de Eduardo Frei frente a un narcotraficante que ingresó 500 kilos de cocaína al país- la Presidenta señaló, literalmente, lo siguiente: “el indulto es una facultad presidencial que uno se entera, por decirlo así, a través del ministro correspondiente. Yo no estoy segura si lo he ejercido; tengo la impresión, pero no sé si alcanzamos a ejercerlo: una vez una mujer estaba terminal con un cáncer en algún lugar, y lo que me pidieron es que se pudiera ir a morir las últimas 48 horas a su casa”.

Parto de la base que la Administración del Estado es compleja y se gobierna con los Ministros. También asumo que una Presidenta no puede conocer el detalle de todos los decretos, actos y resoluciones del Ejecutivo, pero lo mínimo que se le puede exigir a nuestro Jefe de Estado es tenga algún grado de realidad, y que pueda dar una respuesta más certera frente a una facultad que es de su exclusiva responsabilidad. En efecto, hasta enero de este año, la Presidenta ha puesto su firma en 61 indultos presidenciales, la mayoría por razones humanitarias, como la que señaló -con total inseguridad- en Tolerancia Cero.

Podría sonar sorprendente que una Presidenta que logra un 74% de aprobación, sepa tan poco de su propia gestión. Pero más que eso, lo que nos debiera sorprender es que la gente la ovacione, pese a que no es primera vez que se pierde en definiciones respecto de su propio gobierno. Y sin embargo, no nos sorprende, porque ya sabemos que la población no piensa en políticas públicas ni en el proyecto país al momento de tasar a sus gobernantes. Para desgracia de la política, hemos aprendido que la empatía, la cuña o incluso el “ángel” de nuestra Presidenta venden más que la poca precisión o la ignorancia en materias que son de exclusiva responsabilidad de ella, y que más aún, debieron haber sido motivo de estudio, pues han estado en la agenda desde hace varias semanas. Al final del día, tiene sentido el viejo cliché que reza que cada país tiene los gobernantes que se merece.

Frei, cuéntate una de piratas

frei no moreOtra de Frei, esta vez en el debate ante el Consejo Consultivo de Paz Ciudadana.

Primero, critica a Sebastián Piñera por “por priorizar otras actividades glamorosas”, en referencia a la gira por Europa que le ha permitido contactarse con líderes mundiales de la talla de Sarcozy, David Cameron y Zapatero… curioso que lo diga él, que pasó cuatro años arriba de un avión. Al parecer, preocuparse de la agenda internacional sólo se puede hacer con plata de todos los chilenos y durante los cuatro años que dura el Mandato, y no mientras se es un ciudadano común y corriente y es él mismo quien se costea los pasajes.

Y segundo, sabiendo que el tema del indulto a Vargas Pargas -el famoso narcotraficante que fue dejado en libertad, luego de haber sido encontrado en la frontera con media tonelada de cocaína- iba a ser traído a colación, Frei se sacó rápidamente los balazos, señalando que asumía su responsabilidad, tal como lo ha dicho antes. Pero ¿en qué se ha traducido esto de asumir su responsabilidad? ¿en pedirle a la Martita que le deje de echar la culpa a Alvear? ¿en prometer que no lo volverá a repetir?

No hemos visto ánimo en Frei de restaurar la paz social quebrantada por tal decisión, por ejemplo, impulsando una cruzada para eliminar el indulto o asumiendo un liderazgo en el combate contra la delincuencia y el narcotráfico, como los senadores Orpiz o Espina. Eso es compromiso con la seguridad pública, y demostraría fehacientemente que está tratando de arreglar un mal cometido y del que, según sus propias palabras, se arrepiente. Sin embargo, ya lleva demasiados años en el Senado como para haber iniciado algo al respecto. Sólo nos queda entender que la responsabilidad de Frei en el incidente Vargas Pargas no es más que una cuña para el noticiario. Y ante eso, no podemos hacer otra cosa que recordar esa joya protagonizada por la Sra. Martita Larraechea.